Eso fue lo que me preguntó ayer a la noche mi papá, después de una intensa pelea con mi mamá por las típicas cosas de siempre. Me costó varios minutos tomar la decisión de qué hacer, estaba mal, tenía un nudo en la garganta y no podía soportar estar encerrada en un momento como ese (más si mi mamá estaba en el cuarto de al lado feliz porque me puso su bendito castigo) Así que junté valor, agarré las llaves, un paquete de carilinas y el celular. Bajé hasta el baño a ver como era mi estado, lastimoso. Tenía los ojos rojos, el pelo hecho un desastre y mi cara en un estado deplorable parecía que no hubiera dormido en días. Aún así iba a salir, hasta que mi querido padre me toma en el patio preguntándome a dónde voy, mi simple respuesta: no se, a pensar.
Salí al exterior con ganas de olvidar el mal momento por lo menos un rato y caminar sin rumbo fijo. Tomé el lado izquierdo de mi barrio porque nunca voy por esos lugares, raras veces; caminé y caminé por lo menos 10 cuadras por la Av. I, creo que las personas que pasaban y me miraban pensaban que estaba media loquita o sino una vagabunda porque entre mi aspecto y mi estado no eran favorables. Siguiendo mi (no) recorrido doblé en una cuadra y me metí dos para adentro, digamos que entré a los suburbios, al principio caminaba tranquila pero luego en la segunda cuadra al estar oscuro no se veía casi nada, me empecé a asustar cuando vi dos chicos de mi edad o un poco mayor que no tenían ninguna pinta de ser 'buenos' y menos cuando dijieron: 'vení con nosotros' no había nadie en esa cuadra o si... un viejo vagabundo. Doblé en la esquina y caminé lo más rápido que pude y en la mitad miré hacia atrás si me seguían, por suerte no.
Nota mental: nunca más ir por esas partes y menos de noche.
Después qué se me acabaran las cuadras, porque había llegado a la esquina de mi casa, decidí dar una vuelta por la manzana y volver. Llegué a casa y creo que nadie notó mi ausencia, el único que estaba ahí en la puerta como esperándome era Charlie, mi gato.
Me hizo bien despejarme un poco, pensar en algunas cosas que andan dando vueltas y siguen porque a veces pienso que no tienen una solución o yo no las encuentro. Pero volver a casa era volver otra vez al centro de la tormenta. No soy una persona que afloja rápido con las discusiones, menos con las de mi mamá. Luego de un rato tuve una charla con mi papá, fue extraño, le dije algo que no le había dicho nunca o por lo menos no tan así en serio, se ve que le tomé por sorpresa.
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miércoles, 17 de febrero de 2010
jueves, 11 de febrero de 2010
Cinco casas y miles de recuerdos
Cuando escucho a una persona decir 'Toda mi vida viví en la misma casa o en el mismo barrio' me pregunto que se sentirá porque mi caso es todo lo contrario. En los dieciocho años de vida que voy me mudé cinco veces. Aparentemente a mis padres nunca le gustó la idea de quedarse en un sólo lugar aunque ahora piensan lo contrario, igual no me arrepiento de (casi) nada porque en cada una guardé más de un recuerdo, una lágrima y muchas risas.
Cuando nací vivíamos con mis padres en un departamento de dos ambientes en plena Av. Corrientes a metros del Obelisco y no recuerdo nada de ese lugar porque fueron mis primeros años de vida. Lo único que me quedaron fueron fotos. Era uno de esos edificios muy antiguos (lo pongo en pasado porque lo derrumbaron) con aquellos ascensores de antes, lo más lindo era la arquitectura todo bien detallado sobretodo los bordes. Será por eso que mis padres decidieron cambiar Microcentro por Palermo Viejo.
La segunda casa era mucho más grande tendría como siete habitaciones más los dos baños, la cocina grande, una terraza y un patio, pero no estaríamos solos, sino con mis tíos y mi prima. La convivencia fue por momentos buena y por otros malas, hubo mucho conflicto entre mi tía y mi mamá a causa de las interminables peleas entre mi prima y yo, eramos chiquitas y siempre una quería lo que tenía la otra y así sucesivamente, ustedes me entienden nenas de 4 años. Quedan fotos de esa época en donde se pueden ver cumpleaños con muchos chiquitos, guerra de tortas (sí un día todos mis parientes hicieron guerra de torta) y otros recuerdos más. Pero para mi papas fue tiempo de cambiar de lugar, otra vez. Ahora Palermo viejo, aquel barrio sin tanta importancia en ese tiempo, lo íbamos a dejar atrás para instarnos al querido barrio Caballito.
Acá pasé toda mi infancia y se podría decir una gran parte de mi adolescencia. Dejé más de una anécdota en cada esquina, cada vez que paso por colectivo me acuerdo de algo por más mínimo que sea y me invade una pequeña melancolía. La casa que me esperaba (ahora que recuerdo la primera vez que entré no llegaba al portero que se encontraba al final de las escaleras y le decía a mi mamá como podía haber un teléfono ahí y me dice 'no Juli, es un portero desde acá le abrís a la otra persona') No les pienso explicar la casa porque es complicada, extraña, creo que ni ustedes mismos podrían describirla en tan pocos renglones además los aburriría. Sólo les digo que tenía cuatro cuartos, dos terrazas, un comedor amplio una cocina chiquita pero bien acojedora y muchísimas escaleras, siempre que venía alguien terminaba muerto, era el dilema de todos los invitados. En esa casa quedaron fiestas interminables, piyamadas con amigas, cumpleaños. ect, ese fue el único lugar dónde dije: es mi hogar. Hubo más felicidad que tristeza. ¿Les dije que mis padres son cambiantes? Un día, después de más de diez años me sentaron en la mesa y me dijeron: Julieta, nos mudanos. Les dije que no podíamos, que tenía todo cerca, esa noche no cené y lloré hasta quedarme dormida, no les hablaba y a ellos mucho no les importaba porque la desición estaba tomada. La última noche fue la segunda peor de toda mi vida (la primera es otro tema) tenía ganas de romper todo y no podía más de la impotencia, fue entonces cuando agarré un marcador indeleble y empecé a escribir todas paredes hasta que fuera de día. La reacción de mi mamá sabrán como fue...
No nos mudamos lejos, es más fue a diez cuadras de casa pero odiaba tener que mudarme de un lugar tan lindo y grande como ese para ir a un departamento de tres ambientes y sentirme presa. Con el tiempo descubrí sus ventajas, al ser chiquito no tenía tantas cosas que hacer o tenía todo al alcance, no la voy a hacer tan larga (aunque de por sí la estoy haciendo) Quedaron cosas, siempre quedan pero en mi caso a mí me quedaron cosas fuertes... (otro tema) Después de tres años y medio mi mamá me viene con la misma noticia: nos mudamos. La odié a ella y mi papá como nunca. El tema no era mudarme de casa porque si quedaba cerca bueno era pasable, el tema era mudarme en la otra punta de capital federal, dónde no conocía nada, ni siquiera sabía qué colectivo me dejaba pero otra alternativa no había, así que a empacar otra vez.
Acá me ven, sigo viva después de los intentos fallidos de decirles que no me pensaba mudar con ellos. Lo único que puedo rescatar de esta casa es que es grande. Otra vez mudarme de lo chiquito a lo grande, obvio que tiene sus ventajas y desventajas. La primera noche ninguno de los tres durmió, sentíamos ruidos, mejor dicho pasos, mi papá cada dos por tres se fijaba en la terraza pero nada, así por varios días más hasta que un vecino nos dijo que era del hotel que pegaba justo con la parte de atrás de casa, chau miedo. No fue fácil todo esto, nada fue fácil durante los primeros meses pero me tenía que acostumbrar otra no quedaba y bueno tan mal no me fue, saqué mis ventajas vivo cerca de Microcentro que es dónde más voy a merendar o sino a leer por algún bar. ¿Vieron a dónde me lleva las vueltas de la vida? o mejor dicho las vueltas de mis papas, otra vez en el mismo lugar cuando nací.
No voy a obligar a nadie que termine de leer todo esto pero se me vino a la cabeza porque un día como hoy me mudaba en alguna de esas casas que me vieron crecer, llorar, reír y hasta madurar.
Cuando nací vivíamos con mis padres en un departamento de dos ambientes en plena Av. Corrientes a metros del Obelisco y no recuerdo nada de ese lugar porque fueron mis primeros años de vida. Lo único que me quedaron fueron fotos. Era uno de esos edificios muy antiguos (lo pongo en pasado porque lo derrumbaron) con aquellos ascensores de antes, lo más lindo era la arquitectura todo bien detallado sobretodo los bordes. Será por eso que mis padres decidieron cambiar Microcentro por Palermo Viejo.
La segunda casa era mucho más grande tendría como siete habitaciones más los dos baños, la cocina grande, una terraza y un patio, pero no estaríamos solos, sino con mis tíos y mi prima. La convivencia fue por momentos buena y por otros malas, hubo mucho conflicto entre mi tía y mi mamá a causa de las interminables peleas entre mi prima y yo, eramos chiquitas y siempre una quería lo que tenía la otra y así sucesivamente, ustedes me entienden nenas de 4 años. Quedan fotos de esa época en donde se pueden ver cumpleaños con muchos chiquitos, guerra de tortas (sí un día todos mis parientes hicieron guerra de torta) y otros recuerdos más. Pero para mi papas fue tiempo de cambiar de lugar, otra vez. Ahora Palermo viejo, aquel barrio sin tanta importancia en ese tiempo, lo íbamos a dejar atrás para instarnos al querido barrio Caballito.
Acá pasé toda mi infancia y se podría decir una gran parte de mi adolescencia. Dejé más de una anécdota en cada esquina, cada vez que paso por colectivo me acuerdo de algo por más mínimo que sea y me invade una pequeña melancolía. La casa que me esperaba (ahora que recuerdo la primera vez que entré no llegaba al portero que se encontraba al final de las escaleras y le decía a mi mamá como podía haber un teléfono ahí y me dice 'no Juli, es un portero desde acá le abrís a la otra persona') No les pienso explicar la casa porque es complicada, extraña, creo que ni ustedes mismos podrían describirla en tan pocos renglones además los aburriría. Sólo les digo que tenía cuatro cuartos, dos terrazas, un comedor amplio una cocina chiquita pero bien acojedora y muchísimas escaleras, siempre que venía alguien terminaba muerto, era el dilema de todos los invitados. En esa casa quedaron fiestas interminables, piyamadas con amigas, cumpleaños. ect, ese fue el único lugar dónde dije: es mi hogar. Hubo más felicidad que tristeza. ¿Les dije que mis padres son cambiantes? Un día, después de más de diez años me sentaron en la mesa y me dijeron: Julieta, nos mudanos. Les dije que no podíamos, que tenía todo cerca, esa noche no cené y lloré hasta quedarme dormida, no les hablaba y a ellos mucho no les importaba porque la desición estaba tomada. La última noche fue la segunda peor de toda mi vida (la primera es otro tema) tenía ganas de romper todo y no podía más de la impotencia, fue entonces cuando agarré un marcador indeleble y empecé a escribir todas paredes hasta que fuera de día. La reacción de mi mamá sabrán como fue...
No nos mudamos lejos, es más fue a diez cuadras de casa pero odiaba tener que mudarme de un lugar tan lindo y grande como ese para ir a un departamento de tres ambientes y sentirme presa. Con el tiempo descubrí sus ventajas, al ser chiquito no tenía tantas cosas que hacer o tenía todo al alcance, no la voy a hacer tan larga (aunque de por sí la estoy haciendo) Quedaron cosas, siempre quedan pero en mi caso a mí me quedaron cosas fuertes... (otro tema) Después de tres años y medio mi mamá me viene con la misma noticia: nos mudamos. La odié a ella y mi papá como nunca. El tema no era mudarme de casa porque si quedaba cerca bueno era pasable, el tema era mudarme en la otra punta de capital federal, dónde no conocía nada, ni siquiera sabía qué colectivo me dejaba pero otra alternativa no había, así que a empacar otra vez.
Acá me ven, sigo viva después de los intentos fallidos de decirles que no me pensaba mudar con ellos. Lo único que puedo rescatar de esta casa es que es grande. Otra vez mudarme de lo chiquito a lo grande, obvio que tiene sus ventajas y desventajas. La primera noche ninguno de los tres durmió, sentíamos ruidos, mejor dicho pasos, mi papá cada dos por tres se fijaba en la terraza pero nada, así por varios días más hasta que un vecino nos dijo que era del hotel que pegaba justo con la parte de atrás de casa, chau miedo. No fue fácil todo esto, nada fue fácil durante los primeros meses pero me tenía que acostumbrar otra no quedaba y bueno tan mal no me fue, saqué mis ventajas vivo cerca de Microcentro que es dónde más voy a merendar o sino a leer por algún bar. ¿Vieron a dónde me lleva las vueltas de la vida? o mejor dicho las vueltas de mis papas, otra vez en el mismo lugar cuando nací.
No voy a obligar a nadie que termine de leer todo esto pero se me vino a la cabeza porque un día como hoy me mudaba en alguna de esas casas que me vieron crecer, llorar, reír y hasta madurar.
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