viernes, 26 de febrero de 2010

Los fantasmas de mi familia cobran vida.

Desde que tengo razón de memoria siempre supe (no porque me lo contaran sino por intuición) de que mi familia tiene un pasado tras pasado para contar, personas que durante casi un siglo modificaron la existencia de mis parientes, incluso hasta ahora. Nadie cuenta nada, es como que el paso del tiempo se llevara a las personas, aquellas que vinieron y se fueron entre nuestra familia. Todos ellos son fantasmas del pasado y de mi familia casi todos...

Mi media hermana, no.

No me acuerdo a qué edad me lo contaron ni siquiera quién me lo contó pero lo sabía. Es de parte del primer matrimonio de mi papá (en verdad de su primera pareja) Alguna vez dije en este blog que él tuvo una historia bastante particular, digamos que muchas experiencias. Cuando vino a Buenos Aires siendo muy joven unas de las primeras cosas que le pasó fue juntarse con otra persona, convivir y tener una hija. Obviamente esto es común para las personas pero no para mi papá que en ese entonces tenía alrededor de veintiún años y se llevaba la vida por delante. En pocos meses después de nacer mi media hermana la convivencia no resultó bien, hubo muchas peleas y un día la mujer no soportó más y se fue de la casa junto con la bebé. ¿Mi padre? quedó destrozado, la busco por meses pero con el tiempo la búsqueda se transformó en un recuerdo.

Los años pasaron, mi papá, ya un hombre de veintiocho años, se junto con mi mamá. Luego de bastante tiempo pasaron a convivir y finalmente nací yo. Todo fue, bien hasta que un día cualquiera de 1999 mi papá recibió una carta de su primera hija. Ella tenía diecisiete años, explicaba que quería conocerlo, tenía peleas con su mamá y la carta que le escribía era en secreto porque su madre no le permitía contacto. Mi papá le envió una carta pero nunca llegó. En esa etapa tenía muchas ganas de conocerla más que nada porque al ser hija única de mis padres, tener una hermana mayor era muy lindo. Todavía guardo esa carta en un baúl que me regalaron para mis dieciocho. Otros diez años más tuvieron que pasar para que ayer aparezca del otro lado del teléfono.

Anoche mientras estudiaba Derecho en el sillón y mi cabeza se debatía en ponerle más empeño o dormir, suena el teléfono. Contesta mi papá, se pone a hablar entre cortado, se va al patio y desde ahí lo veo y escucho. Le decía cosas escenciales, como por ejemplo qué vivía en capital, que yo cursaba último año se secundaría, que mi mamá se encontraba bien de salud y no se cuantas cosas más. A lo último responde "perdona que este así pero todavía no caigo que seas vos" y fue ahí cuando la lamparita se me prendió y tuve dudas si era ella. Entra al comedor mi papá y me dice: era tu hermana Josefina. No sabía a qué responder o qué decir, estaba feliz por mi papá después de muchísimo tiempo se encontraría con ella, pero no sé estaba confundida eran muchas cosas acumuladas (las cuales las sigo teniendo) Lo más gracioso es que mi papá llegando casi a los cincuenta ya es abuelo! y yo jamás pensaría que iba a ser tía.

Creo que una de sus asignaturas pendientes está tachada en su vida. Hoy mientras rendía Derecho (no sé como me fue, creo que bien) él se juntaba en algún bar de capital con ella. Mañana viene a comer a casa al mediodía, van a estar además de mi mamá (la cual siempre tuvo un afecto a Josefina) la tía de mi papá y mi bisabuela. Lo más loco de todo esto es que ella vive lejos de Buenos Aires y vino acá con su hermana (de parte de la mamá) a ver a Coldplay que toca hoy, y yo iba a ir a verlos, las dos íbamos a estar en campo... las vueltas de la vida.
No se como seguirá todo esto pero bueno, tengo nervios por mañana. Deseenme suerte!








PD: No pude actualizar antes porque esta semana rendí matemática y Derecho. Mis días se basan en ir al colegio en los horarios de las materias, en ir al profesor particular y dormir las pocas horas que me sobran, así que imaginense como estoy! Sobre la entrada anterior lo sigo teniendo en cuenta, no es un capricho más de los míos sino algo que necesito hacerlo y que ahora está más presente que nunca.

viernes, 19 de febrero de 2010

¿A dónde vas? No sé (II)

Cómo expliqué en la entrada anterior tuve una charla con mi papá. Antes había mucha confianza con él, sabía que podía ser el único ser humano que no me fallara (además era la típica hija malcriada, mimosa y celosa de su papá) pero con el tiempo, el sentimiento se fue volviendo distante. Pasó de trabajar media jornada a una jornada completa, venía a las siete u ocho de la tarde/noche y luego empezaron a ver discusiones por distintos factores; cuando sos chica nunca vez, realmente, qué hay detrás de ese adulto, tiempo más tarde sí.
Estábamos los dos solos sentados en la mesa del comedor haciendo unas cuentas, a pedido de él. Yo ya había salido a caminar. Pero mientras hacía las cuentas o anotaba algo que me decía mi papá, la cabeza seguía procesando mis pensamientos y actitudes de hace horas y al final del hilo más que un pensamiento fue una pronunciación... papá tengo ganas de irme lejos.
Mi papá me miró, dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró seriamente (jamás establecemos charlas serias)


Papá: ¿A dónde te querés ir, Violeta?

Yo: No sé, lejos (no lo miraba a los ojos, no quería saber qué se le pasaba por la mente, si era peor tener una hija rebelde o una un tanto chiflada)

Papá: Bueno... una semana a Santa Fe con tu...

Yo: No! Cuando me refiero a irme lejos es a algún lugar que no conozco, no irme dónde está toda la familia y es lo mismo que nada. ¿Nunca te pasó querer irte de tu propio hogar? (carta a mi favor, aclaración: mi papá tiene una de esas historias que pasan en las películas, el hombre del 'pueblo' que va a ciudad, pasan miles de situaciones, aparecen/desaparecen personas en su vida y entre tantas cosas un día decide irse de su casa) Mira no es que no los quiera o los odie a vos y a mamá, sé que tenemos problemas pero a veces (casi siempre) pienso que capaz soy yo la causante de todo, qué algo anda mal en mi. Yo necesito este viaje.

Papá: Y... ¿Entonces a dónde te irías?

Yo: Te repito no sé. Sería a dónde me lleve el viento o mejor dicho hasta dónde me alcance un pasaje a algún lugar que eliga en ese instante, puede ser como irme a San Juan, Entre Ríos, Santa Cruz, Tierra del fuego, cualquiera, todo depende de mis ahorros.

Papá: Con las cosas que pasan hoy en día, Viole. No sobrevivirás ni tres días sola en medio de la nada. ¿Vos ves los noticieros todas las cosas que ocurren? De grande si querés viaja pero ahora ocupate de tus estudios que tenés que rendir, terminá el secundario y después se verá.

Yo: Papá sé las cosas que ocurren hoy en día, sé que a fuera hay un montón de cosas, no me vengan con qué eran otros tiempos y que vos eras hombres y era muy diferente porque no. Además odio que me subestimes como si no supiera nada de la vida, aunque vos y mamá no lo crean soy bastante independiente. Sino mira en libro de la memoria qué era de mi vida entre los 12 y 17 años (segunda carta a mi favor: esos años, por más de que mis padres estuvieron algunas veces conmigo trabajan hasta tarde por ende pasaba todo el día sola, sin nadie, mis cosas me las tenía que encargar yo, nada de mamá porque estaba ocupada y papá lo mismo)

Papá: (Después de pasar varios segundos pensado) Bien, cuando te vayas de ésta casa podrás hacer lo que quieras, mientras tanto harás lo que tu mamá y yo digamos.

Yo: El problema que tengo ahora es ahora, no mañana (como siempre me decís) Necesito este cambio, necesito irme para pensar, reflexionar, ver que dudas tengo con todos, no solo con ustedes. Y no creas que me falta mucho para irme de casa. (tercera carta, la vencida: sabe que cuando algo serio pasa por mi cabeza no hay vuelta atrás)


Fin de la conversación.
Me la acuerdo como si fueran hace minutos atrás, será porque fue una de las primeras charlas en serio que tuve con mi papá, algo que me pasaba/pasa. Generalmente no soy de contar mis problemas y menos a mis papas que ya bastante con los de ellos mismos, pero esta vez salió porque mi voz pudo más que mi pensamiento. Sé que él se dio cuenta de que su pajarita está quiere y necesita volar.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿A dónde vas? No sé (I)

Eso fue lo que me preguntó ayer a la noche mi papá, después de una intensa pelea con mi mamá por las típicas cosas de siempre. Me costó varios minutos tomar la decisión de qué hacer, estaba mal, tenía un nudo en la garganta y no podía soportar estar encerrada en un momento como ese (más si mi mamá estaba en el cuarto de al lado feliz porque me puso su bendito castigo) Así que junté valor, agarré las llaves, un paquete de carilinas y el celular. Bajé hasta el baño a ver como era mi estado, lastimoso. Tenía los ojos rojos, el pelo hecho un desastre y mi cara en un estado deplorable parecía que no hubiera dormido en días. Aún así iba a salir, hasta que mi querido padre me toma en el patio preguntándome a dónde voy, mi simple respuesta: no se, a pensar.

Salí al exterior con ganas de olvidar el mal momento por lo menos un rato y caminar sin rumbo fijo. Tomé el lado izquierdo de mi barrio porque nunca voy por esos lugares, raras veces; caminé y caminé por lo menos 10 cuadras por la Av. I, creo que las personas que pasaban y me miraban pensaban que estaba media loquita o sino una vagabunda porque entre mi aspecto y mi estado no eran favorables. Siguiendo mi (no) recorrido doblé en una cuadra y me metí dos para adentro, digamos que entré a los suburbios, al principio caminaba tranquila pero luego en la segunda cuadra al estar oscuro no se veía casi nada, me empecé a asustar cuando vi dos chicos de mi edad o un poco mayor que no tenían ninguna pinta de ser 'buenos' y menos cuando dijieron: 'vení con nosotros' no había nadie en esa cuadra o si... un viejo vagabundo. Doblé en la esquina y caminé lo más rápido que pude y en la mitad miré hacia atrás si me seguían, por suerte no.
Nota mental: nunca más ir por esas partes y menos de noche.


Después qué se me acabaran las cuadras, porque había llegado a la esquina de mi casa, decidí dar una vuelta por la manzana y volver. Llegué a casa y creo que nadie notó mi ausencia, el único que estaba ahí en la puerta como esperándome era Charlie, mi gato.
Me hizo bien despejarme un poco, pensar en algunas cosas que andan dando vueltas y siguen porque a veces pienso que no tienen una solución o yo no las encuentro. Pero volver a casa era volver otra vez al centro de la tormenta. No soy una persona que afloja rápido con las discusiones, menos con las de mi mamá. Luego de un rato tuve una charla con mi papá, fue extraño, le dije algo que no le había dicho nunca o por lo menos no tan así en serio, se ve que le tomé por sorpresa.